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Doug Beacham: Encourage, Enero 2018

El quinto valor fundamental de la IPHC es, “en la oración valoramos a todas las generaciones”. Basándonos en el Salmo 100:5, durante el transcurso de este año descubriremos lo que la Palabra de Dios nos dice acerca de nuestra relación a través las generaciones. Los ministerios de discipulado de la IPHC “Discipleship Ministries”, dirigidos por el Obispo Tommy McGhee, nos guiarán es este viaje de vida.

A partir del 2018, la generación que Tom Brokaw llamó ‘la generación más grande’, se acerca rápidamente hacia el ocaso de la historia. Esta es la generación que sobrevivió a la Gran Depresión y peleó en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea.

La generación “Baby Boomer”, aquellos nacidos entre 1946-1964, está próxima a la edad de jubilación a un paso de 10.000 por día. Las tensiones que esto está poniendo en el cuidado de la salud y el Seguro Social tendrán consecuencias presupuestales profundas en las próximas décadas. Las generaciones más jóvenes, sus números en los EE.UU. diezmados por al menos 60 millones por medio de la demanda del aborto, además de guerras y muertes naturales, enfrentarán impuestos más altos para cuidar de nuestra población que envejece. Si no fuera por la inmigración, la crisis de la población de los EE.UU. sería peor. Dentro de veinte años, cuando generaciones más jóvenes controlen el estado y las instituciones políticas nacionales, quizás decidan que los ancianos no valen la pena por costo tal.

Hoy en día apenas si se puede explorar una revista, un blog o podcast sin escuchar a los milenarios y a la generación z. Febrilmente intentamos encontrar maneras de comprendernos a través de múltiples líneas divisoras de generación, raza, cultura, música, lenguaje, y género, inclusive.

Este año es una oportunidad para que la iglesia hable la verdad, exprese gracia, y amor para con la sociedad en cuanto a las generaciones. Dios siempre está obrando dentro de cada generación; Él es el Dios de Abraham, Isaac, y Jacob (Génesis 28:13; 31:24; 35:12).

Recientemente, estuve en Barranquilla, Colombia para conmemorar el 35o aniversario de la iglesia “El camino, la verdad y la vida”. Fue el 30o aniversario de la iglesia siendo parte de la IPHC. El pastor fundador, Alvero Castro, falleció en julio de 2017; su hijo, Sergio Castro, graduado de “Emmanuel College”, ha asumido el liderazgo de la iglesia local y actualmente lidera once congregaciones que hacen de la IPHC en el noreste de Colombia.

En la cena de celebración del aniversario, asistida por más de 200 personas, observé a jóvenes y viejos adorando, comiendo, y juntos en comunión. Le pregunté a Sergio acerca de la diversidad generacional y me contestó, “somos intencionales en cuanto a ser diferentes; somos una iglesia multicultural; eso es lo que hacemos”. Él estaba en lo cierto, y era muy fácil apreciarlo entre la multitud.

El fallecimiento de su padre, y la designación de Sergio como pastor de la congregación local, así como también líder del movimiento, reflejó algo que recientemente escuché en una reunión de líderes de la denominación evangélica y pentecostal en Chicago: “El antiguo modelo es que el ministerio es una maratón, correr hasta caer. El nuevo modelo es que el ministerio es una carrera de relevos, correr tan rápido como sea posible y luego pasar la batuta a la siguiente persona que también ha de correr tan rápido como pueda”.

En la misma reunión, otro líder comentó que cuando Josué murió a la edad de 110 años, dejó el triste legado enunciado en Jueces 2:10: “Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel”.

Eso enmarca un simple contraste para con la muerte de Moisés en Deuteronomio 34. Moisés le había pasado cuidadosamente el bastón a Josué y a su generación. La tierra prometida yacía frente a ellos; Moisés la vio, él tuvo la visión para eso, pero no puedo llevarles allá. Aun así, pasó satisfactoriamente la batuta para la siguiente generación para la asignación divina de sus tiempos.

Lo que se le suma al impacto de estas dos muertes, es la edad de Moisés, tenía 120 años al momento de fallecer. La IPHC recordará que este año 2018, cumplirá 120 años; nacimos en los avivamientos de santidad a finales del siglo XIX, lo que conllevó a la formación, en 1898, de la Iglesia de Santidad bautizada con fuego y la iglesia de santidad pentecostal de Carolina del Norte “Fire-Baptized Holiness Church” y la “Pentecostal Holiness Church of North Carolina”. Los dos grupos se fusionaron en el año 1911 para formar la IPHC como es actualmente conocida. Pero fue hace 120 años que nuestro ADN espiritual tomó su primera forma a través de esos dos movimientos.

Entonces, aquí estamos con 120 años de edad, hablando sobre las generaciones, acerca de pasar la batuta de una generación a otra, sobre fidelidad, visión, honor, y preparación. Pero no puedo pasar por alto el factor de la edad de Josué, 110 años y la falla al pasar el bastón, la pérdida de memoria de lo que Dios había hecho, la falta de obediencia frente al llamado divino. De alguna manera, la dinámica de la fe de una generación falló al ser pasada a la siguiente. Es un comentario triste cuyo ciclo se repite de maneras aún peores que las de la agonizante película “El día de la marmota”.

¿Qué año nos marcará como la IPHC? ¿estaremos en el lado del regocijo de los 120? ¿estaremos en el lado descendente de los 110? Sé cuál es el deseo de mi corazón; ruego para que en este año, descubramos el aliento fresco del Espíritu para que nos conceda ser una iglesia multi-generacional que permita que nuestros hijos y nietos hereden las promesas buenas, misericordiosas y veraces de Dios expresadas en el Salmo 100:5.

 

Por Doug Beacham

This article was published in the January 2018 issue of Encourage magazine.

 

Photo Credits: thinkstock.com

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